!Atrevete: yo poseo un revolver!

By Cristina Merino

Una banda de forajidos llega al hogar de una familia en busca de un hombre. Gunther, el líder de los angeles banda, cree que este hombre les traicionó tras un robo. Es el comienzo de un largo viaje que les llevará hasta el resto del dinero y al verdadero traidor... Un comisario obsesionado por darles caza, tres hombres unidos por los angeles codicia, una joven ingenua, un misterioso hombre de ethical ambigua y una muchacha sedienta de venganza se unirán a Gunther y su banda en un pueblo del oeste llamado Redención.

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Sobre l. a. mesa quedaban migas de pan, los cinco vasos y tres botellas vacías. —…metepatas y friolero —reía Gold, enjugándose los ojos, que le lloraban debido a los angeles risa; su repetición de las palabras culminantes de l. a. hilarante historia que acababan de escuchar provocó que los cinco se sumieran en un nuevo ataque de risa. —Es increíble los angeles de veces que me he topado con gente así —les aseguró luego Sanders, moviendo l. a. cabeza sin dejar de sonreír. Rachel afirmó, sonriendo también: —Ha sido una historia realmente divertida, señor Sanders… —Doug, �recuerda?

A los lobos les encantó l. a. proposal —explicó Thomas—. Y dos días más tarde mataron al perro y atacaron a las cabras y las gallinas. Ésas son descendientes de las pocas que lograron escapar. Thomas miró el objeto que Jones traía entre sus manos. —Lo llamábamos el palo de Dorothy—le explicó—. l. a. vaca. Los niños le ponen nombre a todo. Bueno, �le parece que volvamos a los angeles cabaña a ver si ha vuelto? Si no lo ha hecho —agregó, notando cierta inquietud en los ojos del hombre—, y si no está en los angeles casa, lo que se me ocurre es que haya decidido dar un paseo para reconocer el terreno; esta es una tierra dura, pero hermosa.

Ste no había hablado. —Tú. Lostman giró los angeles cabeza hacia su derecha, y esta vez vio al dueño de los angeles voz: en l. a. celda contigua, por encima de Burton. Un hombre viejo, alto y delgado como una estaca. —¿Qué quieres, Harry? —preguntó el ayudante del sheriff, sin levantar los angeles vista de los angeles revista que estaba leyendo. Su tono de voz period cansino. —Vamos, George. Déjame salir… —Sigues borracho. —No es verdad… —No saldrás hasta que amanezca, ya lo sabes. —Vamos, George, muchacho, quiero irme a casa… El ayudante del sheriff sonrió y comentó: —Prácticamente esta es tu casa… —Venga, George, no eres justo, al menos dame un poco de beber de esa botella que guardas… El ayudante del sheriff levantó l. a. vista y miró al viejo Harry.

Su mirada period, realmente, más pensativa que de costumbre. —¿Qué sucede aquí? —preguntó a l. a. joven de los rizos negros mientras ella le servía, sin que l. a. pregunta buscase respuesta al verdadero motivo de su recelo. —Hoy ha parido Maggie —le contestó l. a. joven—, es los angeles nueva esposa de nuestro alcalde. Él invita a los angeles primera copa. Tres hombres que se encontraban junto a Lostman en los angeles barra, fijaron su mirada en los angeles mesa en l. a. que se celebraba los angeles partida y decidieron acercarse con los vasos en los angeles mano. Ya junto a los angeles mesa de l. a. partida, dijeron algo que Burton no oyó y se echaron a reír.

Rossenthal saltó hábilmente de los angeles silla; su bota derecha aterrizó a apenas cinco centímetros del orificio producido en los angeles nieve por una bala perdida. Apuntó a Thomas a los angeles cabeza y le dijo: —Mírame. Thomas alzó l. a. vista. Había regocijo en los ojos de Rossenthal. Y una gran furia. El hombre de negro le disparó a bocajarro. Luego, espoleó de nuevo a su caballo y volvió junto al grupo justo para oír como Gunther daba una nueva orden: —Vámonos. —¡No puede dejarme así! —gritó Jones, atado al árbol. —Si no te conociera —murmuró Rossenthal al pistolero rubio de los ojos oscuros, con frialdad, cuando llegó junto a él—, diría que el traidor eres tú.

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