Lucrecia Borgia, La Hija Del Papa (Nuevos Tiempos)

Lucrecia Borgia: hija de un Papa, tres veces casada, un marido asesinado, un hijo ilegítimo... todo en solo treinta y nueve años y en pleno Renacimiento. los angeles suya fue una vida realmente increíble que sin duda alguna merece l. a. pena contar. Lo han intentado escritores, filósofos e historiadores. Ahora, a modo de excepcional homenaje a su esposa recientemente fallecida, el premio nobel Dario Fo, alejándose de reconstrucciones escandalosas o puramente históricas, nos revela en una novela toda l. a. humanidad de Lucrecia, liberándola del cliché de mujer disoluta e incestuosa y sumergiéndola en el contexto histórico y en l. a. vida cotidiana de su época. De esta forma, el lector vivirá en primera personality l. a. fascinación de las cortes renacentistas, con el Papa Alejandro VI, el más corrupto de los pontífices, y su diabólico hermano, César. También con los maridos de Lucrecia, expulsados, asesinados, humillados, y sus amantes, el primero de todos el gran humanista Pietro Bembo, con el que compartía el amor por el arte, por los angeles poseía y el teatro. Todos ellos peones del despiadado juego del poder.

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Nuestro padre me ha insultado tachándome de rebanagaznates, sanguinario y putañero, a causa de mi aventura con l. a. mujer de nuestro hermano. Y cuando le dije que yo no había tomado l. a. iniciativa, sino que fue ella, que como una posesa se me lanzó encima ya despojada de toda su ropa, me dio un bofetón con tal violencia que me tiró al suelo. Además, dicen que Jofré, nuestro hermano, después de que su mujer le dijo que yo l. a. había poseído por l. a. fuerza, ha ordenado a dos de sus secuaces que me busquen y me maten en el acto.

Después tiraban de grandes lonas que hacían las veces de telón, haciendo que se deslizaran, como para ocultar aquel mundo obsceno y merciless que los actores habían mostrado hasta entonces. Se elevaba al instante una canción, casi de cuento de hadas, y los niños empezaban a bailar, a abrazarse y a intercambiar gestos afectuosos y purísimos en su ternura. Y fue entonces cuando me acordé de nosotros, de niños, cuando vivíamos todos en los angeles misma casa y jugábamos a los angeles familia. –¡Sí! Me acuerdo bien de ese juego.

Me he roto algunos huesos más de lo necesario en increíble caídas, y así aprendí en mis propias carnes a curarme a mí mismo y a sanar también a otros contusionados. Traigo conmigo aceite de linaza y otros medicamentos. Por want, ten confianza. No voy a hacerte daño. De modo que Lucrecia se confía a sus manos. Él le quita l. a. blusa y le extiende con extrema delicadeza el aceite, empezando por los hombros. Ella refrena los gemidos pero de vez en cuando le suplica: –¡Más despacio, te lo ruego! �Ayyy! �No lo aguanto!

Como si fueran sabrosos frutos, se arrojan con palabras a los angeles mesa donde se come cadáveres de gente asesinada diciendo que son elementos normales en nuestro tiempo, a los que hay que dejar hueco y aprender a convivir con ellos. Un muerto en el almuerzo, un cadáver durante el Palio, una blasfemia en el Sanctus, todo es de lo más basic hoy en día. �Lo extraño es que aquí, en este magnífico palacio, no nos encontremos con un ataúd repleto de cadáveres de gente asesinada! Sin dejar de lado el detalle de que parece que no importa el que l. a. hermosa señora que es hoy nuestra anfitriona esté inmersa en una borrasca que los angeles ha sumido en los angeles más feroz desesperación.

Ah, se me olvidaba, si quieres consultarlo con tu esposa, o lo que es lo mismo, con mi hermana, has de saber que desde ayer ya no está en el convento de San Sixto, donde se había refugiado. –¿Es que l. a. habéis secuestrado acaso? –pregunta airado el joven. –No, se fue por su propia voluntad, ha desaparecido, y por mucho que los angeles hemos buscado, no hay ni rastro de ella. Si los angeles ves, por prefer, háznoslo saber, �al fin y al cabo somos una familia! –¡Ja, ja, ja! �Eso ha tenido gracia! Dejemos por un momento a César y trasladémonos a l. a. campiña de Ferrara.

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